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A partir del 14 de octubre iniciamos la que va a ser nada menos que nuestra décima temporada de colaboración en el espacio cultural "La torre de Babel" de Aragón Radio, dirigido y presentado por Ana Segura. Como en años anteriores, la colaboración de...
Desde finales del siglo XIV y hasta 1811, Épila fue la "corte" de los Ximénez de Urrea, una de las ocho grandes casas nobiliarias del Reino de Aragón, más conocidos por el título condal de Aranda, que recibieron en 1488. En este palacio murió, en 1798, el último conde de Aranda, don Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, ministro ilustrado del monarca Carlos III.
El palacio fue construido adaptándose al desnivel del terreno: de ahí que la fachada principal tenga baja altura, mientras la posterior sea bastante más elevada.
La fachada más noble del palacio no es la principal, con excepción de la bella portada neoclásica, sino la fachada posterior, que da a la huerta y forma ángulo, en una amplia explanada, con la portada del Convento, donde los piadosos condes concentraron todo el ornato; esta fachada posterior, levantada combinando mampostería y ladrillo, se articula, con proporción y decoro, en tres plantas sobre un amplio basamento.
Al interior destacan varios alfarjes de madera policromada al temple: uno es de cinco tramos, mientras otro, mucho más sencillo, tan solo cuenta con tres. Ambos alfarjes presentan canes muy sencillos y como principal motivo decorativo los escudos de la Casa de Aranda.
El palacio posee comunicación con la iglesia del Convento de la Concepción a través de un pasadizo sobre arcos.
En el edificio muestra dos fachadas construidas a diferente altura que corresponden al siglo XVIII. La superior, frente a la iglesia, alberga una bella portada adintelada entre pilastras dóricas con sillería de Calatorao, friso de triglifos y metopas y frontón partido en el centro cuyos extremos se rematan con volutas. Por encima del frontón se continúan las pilastras terminando en un motivo ornamental. Completa la portada una cartela y un escudo. El resto de la fachada es de aparejo con machones y verdugadas de ladrillo, y cajones de mampostería, sobre un zócalo de sillería.
La otra fachada está ordenada por machones e impostas de ladrillo con paños de mampostería, sobre zócalo de sillería. Tiene tres alturas, separadas por cornisas horizontales. El primer nivel presenta rejería de forja buena en los vanos; el segundo nivel, balcones volados que apoyan sobre ménsulas de forja, y el tercer nivel balcones más pequeños que los anteriores. Enmarca esta fachada sendos torreones cuadrados, ligeramente resaltados, de su misma elevación y de tres cuerpos de altura, tratados a base de cuadros resaltados de ladrillo entre pilastras.
Remata el edificio un tejaroz de ladrillo a sardinel muy volado.
En la zona más cercana al convento de la Concepción hay un cuerpo de tipología renacentista coronado por una galería de arcos de medio punto.
El interior del inmueble es muy notable, con diversas piezas destacables e interesantísimas techumbres mudéjares. El zaguán, rectangular, está cubierto con bóveda neoclásica rebajada con tres tramos de lunetos, y decoración en ménsulas y tímpanos.
Patio del siglo XVI con una planta baja porticada y con columnas de piedra. La planta noble, más sencilla con arcos de medio punto menores que se corresponden cada dos de ellos con uno de los inferiores. Finalmente, en el nivel superior se abren pequeños vanos adintelados con decoración de ladrillos a sardinel.
El salón principal destaca entre todas las estancias y está abierto a la fachada posterior cubierto por un espléndido alfarje de cinco tramos, con cuatro jácenas, con decoración de bustos con escudos; sobre las vigas mayores hay otras más pequeñas que apoyan sobre las primeras por medio de canes trilobulados; sobre las vigas, se disponen las jaldetas y el tablazón de cierre decorados con rectángulos y cuadrados moldurados.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002